Este texto corresponde a una conferencia dictada por Jacques-Alain Miller el 7 de junio de 1997 en Nimes. Dicho texto fue establecido por Catherine Bonningue y publicado por primera vez en 1998 en Tabula nº2, boletín de la ACF-­ Voie Domitienne. “La Cité”. Publicado con la amable autorización de su autor. Para esta ocasión se edita la traducción publicada en el número 22 de Lacaniana.

Síntoma estorbo

Lacan habla en alguna parte de una incidencia política donde el psicoanalista tendría su lugar si fuese capaz de ello. Tomémoslo como un desafío y veamos si podemos hacerle frente.

Todo Lacan está allí. No se cansó de lanzar desafíos a los psicoanalistas y la mayoría de las veces hizo que los psicoanalistas se sintieran torpes. Sentía incluso una especie de delectación en hacer que el psicoanalista se sintiera torpe proponiéndole a veces desafíos difíciles de afrontar. Lacan no se dedicaba a halagar el narcisismo profesional. Al contrario, tenía la idea de que había que sacar al psicoanalista de su rutina.

La rutina del psicoanalista es terapéutica. Tiene que ver con el síntoma en tanto es lo que debe ser curado, lo que ante todo es para curar, como se decía en las malas traducciones latinas. Hoy, después de Lacan, de buena gana el psicoanalista se hace el presumido. Se hace el difícil. ¡Curar! ¿Ha dicho usted curar?

Las dificultades que la idea de curar puede presentar al psicoanalista no modifican para nada este asunto. Aborda el síntoma en su práctica como algo que hay que suprimir, que hay que levantar, y es para ello que se le consulta. Si se le consulta con el objetivo del conocimiento y no con el objetivo del levantamiento del síntoma, no es muy seguro que dicha demanda sea admisible.

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