Partiendo desde el imposible, intentaré situar una modesta articulación entre la música y el psicoanálisis, teniendo como orientación la no-relación entre ambos, cuestión sobre la que Regnault sabiamente advierte en su texto Psychanalyse et musique. Ou «jouir du déchiffrage».
Es innegable que la música produzca efectos y afectos en el cuerpo. En el caso de la música electrónica —y quizá en la mayoría de sus subgéneros— encontramos especialmente la dimensión de la repetición en primer plano y de una manera muy determinada. Ahora bien, que en la repetición se encuen-tre una satisfacción, no es ninguna novedad. No hace falta leer a Freud para saberlo. Basta, por ejemplo, observar un instante lo que ocurre en la pista de baile en la sesión de un Dj. El beat, en sus múltiples tempos, percute incontables veces en el cuerpo del danzante a través de las ondas sonoras y haciendo resonar seguramente algo muy singular en cada uno. A diferencia de la música que incluye palabras, el beat queda despojada de ellas y por lo tanto bastante alejado del sentido, lo cual no quiere decir que esté fuera del discurso del Otro. Pero introduce cierta distancia con la significación.
La música electrónica es un género extremadamente amplio. Por lo tanto, tomaré un pequeño punto de soporte en algunas cuestiones sobre la música producida a través de sintetizadores modulares y el trabajo de Caterina Barbieri, una música y compositora italiana que se dedica a crear con este tipo de sintetizadores y otros formatos electroacústicos…
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