Planteemos el tema de nuestras preocupaciones: La pregunta por aquello que constituye el Uno para el hablante viviente, es una cuestión que recorre como un hilo todo el desarrollo de la enseñanza de Lacan. Jacques-Alain Miller lo ha destacado notablemente en su último curso, El Uno solo. En este campo como en otros, el tratamiento lacaniano del problema está marcado por tres etapas: en la primera el Uno es aquel que se constituye en el estadio del espejo. Es Uno por la imagen y el cuerpo. Pero está marcado por su relación con el yo, de cuya formación es el resultado, y el carácter ilusorio y engañoso de este. Después de esta etapa imaginaria, el significante dará forma al Uno, a través del significante amo y de la alienación del sujeto a la cadena significante en la que se encuentra representado por este. En estas dos etapas la unidad se adquiere en y por el Otro. La tercera parada será de otra naturaleza, porque siguiendo la demostración de Jacques-Alain Miller, el Uno será un Uno de goce, independiente del Otro del significante.
A lo que vamos a prestar atención es a lo que Lacan llama, después de la segunda etapa de este camino, el rasgo unario…
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