Esta semana, leyendo el seminario El reverso del psicoanálisis para decirles algunas palabras sobre él en Burdeos, pensaba que es un elixir. ¡Quizás porque tenía que hablar de él en Burdeos! Pensaba que era un extraordinario producto de destilación y que, para llegar a estos trece capítulos, Lacan había triturado una cantidad inmensa de material, lo había amasado, destilado en retortas. Y que, en este libro, bastante corto, teníamos una especie de néctar. Mientras lo leía, me vino otra imagen, quizás menos alegre, de una especie de danza macabra. En ciertos momentos de esta semana veía aquellos pequeños diagramas de Lacan que él se divierte comparando con animales de cuatro patas como cuatro esqueletos que llevan a cabo una especie de danza endiablada, como una danza de la pulsión de muerte. En un momento dado, Lacan menciona y esto puede parecer absurdo el goce después de la muerte. Sin embargo, este goce después de la muerte ha sido representado a menudo mediante esqueletos inquietos que vienen a atrapar a los vivos en medio de sus ocupaciones y asuntos cotidianos. Releyendo este seminario, pude oír la risa de Lacan desde ultratumba, acompañando «el movimiento mismo de nuestra vida contemporánea», como él dice en esta obra…

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