El libro de Santiago Castellanos, La experiencia del dolor y los lenguajes del cuerpo. Fibromialgia y dolor crónico, es un testimonio que apunta directo al corazón de nuestra práctica: los analistas estamos enfrentados a lo real, forzados a soportarlo, a estar tremendamente armados contra la angustia. Referencia de Lacan que señala el autor para recordar el lugar reservado al psicoanálisis, aquello que no funciona.
Una primera noción que se desprende a partir de la lectura de este libro es que el dolor se presenta como una paradoja. Es decir, este se experimenta como algo ilimitado, aquello que se siente en el cuerpo, así como también eso que reverbera en el yo, el sujeto dice: «tengo dolor». Este dolor del cuerpo no convoca una causa, se muestra indescifrable, innombrable, y en la casuística que va tomando el autor vemos la imposibilidad de ponerle palabras a aquello que irrumpe, que pareciera no poder fecharse en muchos de los casos. El autor propone el significante «cortocircuito» a lo largo del libro para hablar del obstáculo que el dolor supone, entre cuerpo y lenguaje, impidiendo una pregunta por el síntoma, es decir, no habría la creencia en él. Podemos sostener que se trataría entonces de sujetos en los que su sufrimiento no entraría en el campo del lenguaje, quedando por fuera de un discurso que posibilitaría poner en marcha el circuito del goce en el registro simbólico…
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