Para Freud, lo Unheimlich —siniestro, ominoso—, no es exactamente la angustia. No es que no hace el esfuerzo, en un primer momento, de ubicarlo del lado de la angustia de castración, pero si nos dejamos llevar por el texto lo aproxima a «un retorno a determinadas fases de la evolución del sentimiento yoico, en una regresión a la época en la que el yo aún no se había demarcado netamente frente al mundo exterior y al prójimo». Finalmente asevera que: «Hay que distinguir entre lo Unheimlich que se vivencia de lo Unheimlich que únicamente se imagina»…
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