El gesto en escena, ya sea en el teatro o en la danza, puede leerse como un tipo de signo particular. Lacan, en los primeros momentos de su enseñanza, toma el gesto para referirse a «dos signos que no son verba: gestus y littera [gesto y letra]». Se sirve de San Agustín para abordar la relación entre los tres tipos de signos: palabra, gesto y letra. El gesto se distingue de la palabra, pero se sitúa en el campo del significante, pues «un gesto humano está del lado del lenguaje y no del lado de la manifestación motora». También en el Seminario 6 encontramos la siguiente cita: «Todas sus acciones [del sujeto] le son impuestas en un contexto de lenguaje, y sus gestos mismos nunca son más que gestos a elegir dentro de un ritual preestablecido, a saber, dentro de una articulación de lenguaje». Desde el momento en el que hay un otro dispuesto a leerlo y otorgarle un sentido, el gesto deviene significante. Ambos signos, gesto y palabra, comparten el campo del lenguaje y se separan del mundo animal, entendido como signo de comunicación vinculado al instinto…

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