Mayo 1919, las hostilidades apenas han concluido. Tras la guerra, las condiciones de existencia son muy difíciles en Austria. Pero Sigmund Freud no es un hombre de quejarse. Para este trabajador empecinado el trabajo es el mejor remedio contra la inquietud y las contrariedades. Así que el 12 de mayo de ese año escribe a Ferenczi: «No sólo [he] terminado el borrador de Más allá del principio del placer, que está siendo copiado para usted, sino que [he] retomado el pequeño texto sobre lo “siniestro”, además de abordar a par-tir de una simple idea una explicación de la psicología de las masas»…
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