En su ensayo filosófico Sur les femmes, de 1772, Diderot escribe: «No basta con hablar de las mujeres, ni siquiera con hablar bien de ellas, Monsieur Thomas, es preciso que me las enseñe. Colóquelas ante mis ojos, como todos esos termómetros que registran las mínimas variaciones de la moral y las costumbres».
En 1754 se anuncia, como invento imaginario, el termó-metro femenino de Thornton, que tiene el objetivo de medir la temperatura exacta de las pasiones de las mujeres, desde la impudicia desenfrenada hasta la modestia inviolable. Según Thornton, las variaciones «eran “exactamente proporcionales a la altura por la que se llevaran el corsé y las enaguas”».11 El termómetro no funcionaba con los hombres porque estos no registraban ningún grado intermedio entre la modestia y la impudicia. En las mujeres, por el contrario, «Los movimientos constantes y delicados» del termómetro «se confundían con la sensibilidad y la impredecibilidad femeninas»…