«El poeta trabaja». Leyenda que nos recibe en la entrada a la exposición que sobre la pintura en el surrealismo se celebró en la sala Mapfre de Madrid. Frase de Saint-Paul-Roux, posiblemente tomada de André Breton, manifiesto del surrealismo, que hace referencia a la potencia del pensa-miento de los sueños, a los que el autor francés da valor frente a la conciencia, a la razón lógica, y a las consideraciones de los científicos, que los arrojan a la irrelevancia en su vertiente simbólica y real. Para Breton y para los surrealistas en general —pintores y artistas integrados, de una u otra manera, con mayor o menor convicción o adhesión al movimiento que el líder dirige con mano de hierro— los sueños son tomados como formaciones del inconsciente y centro del pensamiento más potente, hasta el punto de añorar «la hora de los filósofos durmientes». ¡Aquí están!: poâtes, poetas, artistas, encarnando la nueva potencia del pensar, donde la conciencia, la razón y el yo pierden su posición de privilegio para mirar al ser de lo humano y al mundo. La referencia para el pensamiento se traslada al sujeto y, concretamente, a lo onírico, para proyectarse, posteriormente, al campo de lo artístico de muy diversas formas…
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