El cartel del pase D-14 de la ELP se constituyó hace, ahora, un año.
Formamos parte de él, como ya lo sabéis: Enric Berenguer, Carmen Cuñat, Lorena Oberlin, Félix Rueda y yo misma en la función de Más-uno.
Este período, todo este año, ha transcurrido sin que el cartel haya tenido la ocasión de escuchar ningún testimonio. No ha habido pasantes.
No ha habido, por lo tanto, tampoco encuentro.
Este es un dato relevante y hay que transmitirlo a la Escuela.
Son los pasantes, ellos con su demanda, los que ponen en marcha el dispositivo.
Parece evidente, entonces, que las demandas de pase y con ellas: “la puesta a prueba del pase”1se mantienen en cierta reserva.
En el movimiento hacia el pase se constata, lo diré así…, una especie de aplazamiento. Un tiempo de espera. Y, aunque no sea ésta la primera vez que algo de este orden ocurre, ni tampoco que esto se presente sólo entre nosotros en la ELP, el “lapso”, el vacío que genera este “no hay”, en este momento de relanzamiento del pase, no puede dejarse de señalar.
Hay silencio.
Y, tenemos que prestarle atención, en este caso, para hacerlo hablar ya que interpela a la Escuela.
Lacan nunca desistió de la pregunta sobre el analista y planteó el propio pasaje a analista como un interrogante.
Un interrogante. O sea: una interpelación, una pregunta, un problema.
De este modo lo señalaba en el Prefacio a la Edición inglesa de los Escritos, refiriéndose al límite del análisis: “Queda el interrogante de lo que puede empujar a alguien, sobre todo después de un análisis a hystorizarse por sí mismo… ¿a tomar el relevo de emoniar dsa función?”2, de testie esa “otra razón”, y de la satisfacción que ella marca. Indisociable esta satisfacción, – palabra clave en la última enseñanza -, este acontecimiento emergente, “del procedimiento en el que se hace efectiva su puesta a prueba”3.
No se ha puesto en acto, hasta ahora, el empuje de la urgencia. Podemos observar que en lugar de una propulsión nos encontramos con una cierta retención4.