Las ideas de Freud estuvieron en su tiempo acompañadas por un perfume de escándalo.Dos siglos más tarde, es preciso constatar que este perfume permanece. Sobre todo, por el alcance que dio al término «sexual» y que, hoy más que ayer, hace fruncir el ceño o poner el grito en el cielo. En efecto, la manera en que Freud ensancha el campo de lo sexual —y a continuación Lacan— desbordando las zonas del cuerpo en las que lo sexual estaría circunscrito, superando los estadios de desarrollo que delimitarían una edad requerida, interesándose en las modalidades diversas y múltiples como acepciones que se pueden realizar, destacando los objetos que permiten lastrar y organizar lo que agita sin ley; conserva, en la actuali-dad, su poder subversivo…

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